Cinco años atrás, un montón de gente indignada y ninguneada por los poderosos, pasa, de ser despreciada, a ser temida.


De 5 escaños en el parlamento europeo a 69 escaños en el Congreso de la Nación.

Y esto así, sin anestesia ni nada, es como una cirugía a corazón abierto que remueve por dentro las barrigas de los acomodados sedentarios, buscando la hemorragia que, de no suturar, desangra nuestra democracia desde las entrañas.

El miedo cambió de bando.

Éramos demasiado peligrosos para las colesterolémias crónicas, algunas de ellas con raíz genética heredada de las dolencias sedentarias del franquismo.

Había que hacer algo para evitarlo. Había que destruir la amenaza.

Y quién mejor para ello que la voz de amo. La voz que se cuela en todas las televisiones, aparatos móviles, ondas de radio. Aquella parte de la prensa dispuesta faltar a su deontología profesional para mentir, difamar, inventar, calumniar y vaciar sus repletas cisternas de purín sobre aquellos a los que temían.

Lo último que sale a la luz, el falso el informe que volcó de su cisterna OK diario (periódico de Eduardo Inda) denominado informe PISA. (Pablo Iglesias Sociedad Anónima). El famoso informe que vincula a Podemos con Irán, Venezuela y no sé qué más, y que ahora resulta que es oficialmente falso.

Y digo yo. ¿Les van a hacer recoger todo el estiércol arrojado? ¿No tiene sanción eso de dejar sin recoger las caquitas esparcidas por sus buldogs?

Claro que, a ver en qué bolsa les cabe tanta mierda.

Está claro. Nuestro sistema padece una grave y crónica enfermedad, pero eso de la cirugía…

No podían permitir que una cirugía extirpara limpiamente el tumor que durante décadas había gestado su organismo y que ya forma parte del sistema como un órgano más.

Igual una cirugía estética…

O incluso unas pastillitas, mire usted, y que siga tirando. Así no hay que hacer cambios en hábitos de salud (democrática), e higiene (en la justicia).

Unas pastillitas que les permita seguir poniendo sus niveles de triglicéridos a juego con sus niveles bursátiles, ambos, eso sí, a costa de los de abajo. 0